¿Es Ubik un artefacto de Dios?

Empezamos el año con Ciencia Ficción, un tema que ya es propio en Blog Investigación de la Universidad Indoamérica. El docente, Fernando Endara, nos remite a la novela Ubik, publicada en 1992, que pone en duda la existencia de Dios o de alguna divinidad, destacando cuatro elementos tecnológicos que funcionan como motores de la industria cultural a partir de la década del 70.

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Ubicuidad: cualidad de Ubicuo. Ubicuo: dicho principalmente de Dios, es decir, que está presente a un mismo tiempo en todas partes. Ubicuo: Ubik. ¿Es Ubik un artefacto de Dios? Pudo, en realidad, Philip K. Dick, ¿comunicarse con Dios? O ¿con lo que él entendía por divinidad o Sistema de Vasta Inteligencia Viva (VALIS)?:

“Yo soy Ubik. Antes de que el universo existiera, yo existía. Yo hice los soles y los mundos. Yo cree las vidas y los espacios en los que habitan. Van donde yo dispongo y hacen lo que yo les ordeno. Yo soy el verbo y mi nombre no puede ser pronunciado. Es el nombre que nadie conoce. Me llaman Ubik, pero Ubik no es mi nombre. Yo soy. Yo seré siempre”​ (Dick, 1969, pág. 191)​. 

O, ¿Es Ubik, un producto de consumo? ¿Una ilusión? ¿Una fuerza? ¿La Fuerza? Ubik es una novela del misterioso escritor norteamericano Philip K. Dick publicada en 1969. La obra, como otras del autor (¿Sueñan los Androides con ovejas eléctricas? y/o El Hombre en el Castillo), constituye un referente clásico de la ciencia ficción. La trama, totalmente confusa, elusiva y enigmática, cuestiona varias dualidades del pensamiento occidental: vida y muerte; pasado y presente; simulación y realidad; percepción e imposición; espiritualidad y consumo, entre otras.

De hecho, la trama es tan caótica que casi no se la puede describir; sin embargo, sí se pueden analizar las ideas filosóficas, iconoclastas y disruptivas que se discuten en el texto. Así, resumiré el argumento -en realidad, intentaré explicar algunos elementos del universo interno de la novela– y después reflexionaré sobre algunas de sus implicaciones antropológicas, tecnológicas, teológicas y literarias.

La novela se ambienta en 1992, tan solo 20 años después de su fecha de escritura. A pesar del pequeño lapso transcurrido; los cambios planteados son intensos, variados y complejos. Destacaré cuatro elementos tecnológicos que funcionan como motores de la novela y que son, potentes ideas que se expandieron en la industria cultural a partir de la década del 70: 1) Nuevas tecnologías para detener el proceso de muerte que funcionan al colocar los cuerpos en grandes bloques de hielo.

En Ubik, los muertos no son tal; sino que ingresan a un nuevo estado: la semivida. Los semivivos no están vivos ni muertos, se encuentran confinados en un reino especial de conciencias caracterizado por la entropía, la que los llevará a la muerte definitiva; mientras siguen comunicándose entre sí, y con el reino de los vivos mediante micrófonos, auriculares, videófonos y demás aparatos para la comunicación a distancia. Esta visión: otra vida después de una vida, o una semivida (¿zombificación?) puede provenir de la mística oriental.

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En efecto, se sabe que Dick era un gran conocedor de la teología y la metafísica, siendo el “Libro Tibetano de los Muertos” la inspiración para el concepto de semivida o tránsito; así como el I-Ching fue usado como inspiración y componente de la trama de: “El hombre en el Castillo”.

2) En el mundo de Ubik, las capacidades extrasensoriales humanas se multiplicaron y se pusieron al servicio del mejor postor. Así, existen personajes con poderes mentales como la precognición (adivinación) o la telepatía. Estos humanos asombrosamente capacitados son contratados por empresas de espionaje y seguridad que insertan a sus telépatas en industrias, consorcios e instituciones para conseguir fines mercantiles utilizando a sus espías mentales para truncar los planes de las organizaciones víctimas, anticipándose a sus acciones o destruyéndolas por dentro.

A su vez, y gracias a la necesidad del mercado, surgieron una serie de empresas de previsión, para enfrentar a las empresas espías. Se trata de compañías de contraespionaje y seguridad que ofrecen servicios de inerciales y antiprecognitores para inhibir los efectos de los telépatas.

De manera que se provocan intrincadas batallas empresariales en campos psíquicos (así como en nuestra realidad existen batallas de hackers) que constituyen uno de los principales negocios en este ucrónico y dickiano 1992.

3) El Ubik, la ubicuidad o ambigüedad de la novela, que deja el final abierto; pero va más allá: inclusive deja la trama abierta. Es decir, al final de la lectura, el lector no sabrá bien que terreno atravesó, manteniendo un desconcierto sin resolución que se asemeja a un mundo onírico y tecnologizado: todo lo que podía esperarse de uno de los profetas de la ciencia ficción, el más psicodélico, psiconauta y metafísico.

Y, 4) El avance tecnológico conectado al capitalismo que todo lo vende, que todo lo compra. Así, en esta realidad literaria, los objetos del futuro: puertas, cafeteras o refrigerados cuánticos, necesitarán una moneda o una paga para ejecutar su labor, y, como veremos, aunque toda la realidad pueda deshacerse alrededor; hay algo que permanece inmutable, sólido y perenne: el dinero, la economía y las finanzas.

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En este intrincado contexto, Dick colocó a unos personajes excéntricos que tampoco entendieron muy bien la realidad que los rodeaba. El eje del argumento es una organización de previsión llamada Runciter Asociados, liderada por Glen Runciter, quien se comunicaba con su esposa Ella que estaba criogenizada en la semivida, antes de tomar decisiones empresariales importantes.

La asociación fue convocada para enfrentar a un grupo de telépatas infiltrados en una importante operación lunar. El objetivo de esta operación era innovar el transporte estelar ofreciendo opciones de bajo costo accesible al público; sin embargo, se encontraba amenazada por fuerzas psíquicas. Así, Runciter reclutó a su mejor personal incluyendo a Joe Chip: su segundo al mando, un tipo de lo más peculiar, y, el verdadero protagonista de la novela. Joe era casi un desastre: a pesar de ser un técnico calificado para medir campos protofasónicos; no conseguía manejar sus finanzas de manera que siempre estaba buscando monedas para salir de sus apuros.

Y, lo que es peor, acababa de conocer a Pat Conley, una talentosa, joven y atractiva mujer con poderes psíquicos impresionantes: podía cambiar sucesos del pasado, de forma que alteraba el presente; o, mejor dicho, diluía la línea entre el pasado y el presente para confundir a los personajes y lectores. Joe Chip debía llevar a Pat a Runciter Asociados para aplicarle las pruebas psíquicas y sugerir su contratación.

Como sea, Pat no sólo que fue contratada; sino que fue enviada junto con el equipo de inerciales que fue a encargarse del problema en la luna. Aquí, se complicaron las cosas, puesto que nada salió como se esperaba. Apenas alunizaron, la tripulación recibió una explosión que acabó con la vida de todos, o casi todos.

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Chip se convirtió en el líder de los supervivientes, y rápidamente intentó que el cuerpo muerto de Runciter fuera congelado y llevado al moratorio de Zurich, para ingresarlo a la semivida; sin embargo, los objetos se avejentaron de repente y/o regresaron a un estado primitivo sin razón alguna. Al parecer, Runciter fue el sobreviviente, mientras Chip quedó atrapado en la semivida (muerte) y por eso contempló el espíritu que pervive en los objetos a pesar del paso del tiempo; mas no el pasado de los objetos -que no es lo mismo-:

“El pasado está latente, sumergido, pero sigue ahí y puede aflorar a la superficie tan pronto desaparezcan, por cualquier desafortunado motivo y contra lo que nos enseña la experiencia diaria, las características del objeto último, más tardío. El hombre no contiene al muchacho, sino a los hombres que le precedieron. La historia empezó hace mucho.​ (Dick, 1969, pág. 121)​”

Entonces se abren múltiples perspectivas para seguir la trama e interpretar los acontecimientos. Este era el objetivo de Dick, conseguir una escritura tan abigarrada y compleja para crear dudas sin resolución a cada paso, para cuestionar cada acción, pensamiento y/o decisión de los personajes, para dudar incluso de la existencia y de la realidad; y, por tanto, y, lo más importante, para cuestionar la realidad material que rodea a los lectores, de modo que, no podemos salir ilesos: leer a Dick es sentir la incertidumbre de la existencia y verificar los lím ites de la percepción.

Esa es la potencia de esta y de otras obras de Philip K. Dick: un manejo del lenguaje y de la trama capaz de cuestionar la naturaleza de la realidad para aterrizar en categorías como la imposición de las convenciones sociales sobre el tiempo y el espacio, la posibilidad de los recuerdos implantados, la manipulación de la realidad, y/o la opresión de las empresas y las inteligencias artificiales de vigilancia.

De alguna manera, estas preocupaciones estaban adelantadas a su tiempo, puesto que presagiaron debates contemporáneos como la seguridad de la información, el Big Datta, y/o la realidad virtual. El mayor acierto de la hipótesis de Dick está en su visión de la tecnología imbricada en la sociedad, en donde, la tecnología determina las percepciones sociales individuales y colectivas; mientras, a su vez estas percepciones imaginan y diseñan nueva tecnología.

Dick imaginó, con acierto, que en la sociedad de su futuro (nuestro presente) cada interacción social seria también una interacción tecnológica (virtual). La profecía se cumplió, vivimos en un entorno repleto de tecnología cada día más avanzada, estamos conectados a la Matrix, y solo Ubik, aerosol, puede salvarnos.

Volvamos al comienzo: ¿Qué es Ubik? Además de una excelente, trepidante y confusa novela de Ciencia Ficción, resulta una idea y un producto que parangonan la idea de Dios con el consumo postcapitalista; veamos. A lo largo de la trama, el significado de Ubik va cambiando, o, mejor dicho, desplazándose o ampliándose, para abarcar más cosas cada vez. De hecho, se explica cada una de las aplicaciones de Ubik (algunas, no todas) al inicio de los 16 primeros capítulos de la novela. Acá algunos ejemplos:

  • Si los suelos de su hogar están tristes y apagados, deles resplandor y alegría con Ubik, el nuevo y sorprendente pulimento plástico. Fácil de aplicar, superbrillante y resistente a toda prueba, Ubik la librará de esas horas inacabables de frotar y frotar. ¡Déjese deslumbrar por Ubik! Totalmente inofensivo si se aplica según las instrucciones.
  • Tomado según las instrucciones, Ubik le depara un sueño ininterrumpido y un despertar libre de molestias. Con Ubik, usted se levantará fresco como una rosa y dispuesto enfrentarse a esos pequeños problemas que le preocupan. No exceder la dosis recomendada.
  • Prepare las tostadas del desayuno con pan de molde Ubik elaborado únicamente con fruta fresca y levadura vegetal de primera calidad. Ubik convierte el desayuno en una fiesta. Ubik con mantequilla, ¡qué maravilla! Inofensivo si se consume según las instrucciones.
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Esta sustancia funciona con una lógica maleable, adoptando y adaptándose a cada necesidad, a cada persona, a cada circunstancia. Casi como la idea de Dios, como se establece en el epígrafe del capítulo 17. Así, Ubik es una fuerza cósmica -idea que PKD desarrollaría con amplitud en VAIS-, que estabiliza la realidad, que mantiene su equilibrio; algo así como una conciencia colectiva o sistema de información que cohesiona el tiempo y espacio para dar algo de certidumbre a una realidad inexacta e ilógica que, para colmo, solo podemos captar a través de nuestros sentidos limitados.

Esta conexión, entre productos de consumo, publicidad y la idea de Dios, o, entre el consumismo y la metafísica, es la genialidad de la novela. Dios es consumo, la felicidad, la perfección al alcance del dinero, consumir es Dios, y ¿es la salvación? O son las ideas que algún sistema implantó en nuestra mente para moldear una realidad de producción y consumo.

Quizás la cuestión sea esa ambivalencia de Dios como una plastilina divina que prolonga el estado ilusorio de las cosas y las personas -nos da la ilusión de seguir vivos-, -mientras compremos-, por ello, Ubik, es un Cristo en aerosol (portada ideal para la edición 2020) que, además de crítico con la Norteamérica de ensueño, es un abrebocas al pensamiento metafísico de Dick. Lo magnífico de dicho pensamiento es su capacidad para integrar las ideas teológicas orientales y el gnosticismo con la tecnología en aparatos literarios que funcionan casi como drogas alucinógenas para despertar y contemplar lo ilusorio de la realidad. ¿La realidad existe O es una creación de la literatura?, ¿Dios existe o es una creación de la literatura? La literatura existe.

Se dice que Dick padecía, gozaba más bien, de la esquizofrenia. ¿Es la esquizofrenia una enfermedad, o es una herramienta para liberarse de la opresión de una realidad consensada? ¿Es la obra de PKD el cimiento de la Ciencia Ficción contemporánea? Ubik es imprescindible.

Escrito por Fernando Endara.
Docente de Lenguaje y Comunicación, Universidad Indoamérica. Instagram: @fer_libros.

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